Los 66 millones de olivos de Jaén, el mayor bosque humanizado del planeta, tienen una gran relevancia por su ingente producción de aceite de oliva, su contribución a la biodiversidad o su papel en la lucha contra el cambio climático. Pero su valor va mucho más allá y atesora numerosos valores inmateriales, asociados a su tradición milenaria y a la profunda huella que ha dejado en las zonas olivareras tras ser su principal fuente de riqueza durante siglos. Por todo ello, la Diputación Provincial de Jaén, en colaboración con las diputaciones de Córdoba, Granada, Sevilla y Málaga, ha impulsado una candidatura para que los paisajes del olivar de Andalucía sean incluidos en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco.

Esta candidatura ha contado con un gran apoyo institucional y, en abril de 2021, el Gobierno de España anunció que este expediente será la candidatura oficial que España presentará ante la UNESCO para ser incluida en la Lista de Patrimonio Mundial del organismo de las Naciones Unidas en el año 2023. Una propuesta que finalmente tiene que ser debatida para su declaración definitiva en la Asamblea General de la UNESCO, en un encuentro previsto en torno al verano de 2023.

Desde que fuera introducido por los fenicios en la Península Ibérica, el olivar ha generado en la provincia de Jaén un paisaje prototípico, una alfombra plateada cuyas líneas se extienden hasta el infinito y comprende un increíble patrimonio arquitectónico, artístico, histórico, etnográfico, arqueológico e industrial. Un cultivo que había alcanzado una enorme importancia en el Imperio Romano, cuando la Bética ya era el principal productor mundial, y que se ha convertido en una de las principales señas de identidad de la cultura mediterránea.

La provincia de Jaén aporta la mayor parte del olivar que forma parte de esta candidatura, cuyo expediente identifica diez grandes zonas de paisaje cultural. Cuatro de ellas están ligadas a la especialización olivarera del siglo XIX: Campiñas de Jaén, la Subbética cordobesa, Sierra Mágina y Hacienda La Laguna-Alto Guadalquivir.

También se incluye el olivar de la Ilustración, representado por Montoro y su entorno, y las haciendas de Sevilla y Cádiz, ligadas a los siglos XVI y XVIII. Asímismo, el olivar de la época medieval-islámica, en el valle de Lecrín (Granada); el de los siglos XIII al XV, en el valle de Segura, y el de la época romana, del siglo I al III, con Astigi-Bajo Genil (Écija). Finalmente, se incluye la zona de Periana y Álora, en Málaga, como zona de los primeros manejos del cultivo.

La inscripción en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO supondría un importante aval para el Aceite de Oliva Virgen Extra de la provincia de Jaén y las actividades de Oleoturismo que se desarrollan en almazaras, fincas y museos de toda la provincia. Esta candidatura cuenta con el firme apoyo del Consejo Regulador de la Indicación Geográfica Protegida “Aceite de Jaén”, ya que consideramos que es un reconocimiento justo y necesario para la importancia económica y social del cultivo, su tradición milenaria y el esfuerzo de muchas generaciones de olivareros por extraer el fruto de la aceituna.

Tercer Patrimonio Mundial

En el caso de que se consiga que el paisaje del olivar sea declarado Patrimonio de la Humanidad, será el tercero del que pueda presumir la provincia de Jaén.  En el año 1998 recibieron esta distinción las pinturas rupestres del Arco Mediterráneo, un conjunto del que forman parte pinturas ubicadas en la provincia de Jaén como Aldeaquemada y las estribaciones de la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas, concretamente el municipio de Quesada. Además, las ciudades de Úbeda y Baeza fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en el año 2003, ya que fueron reconocidas como un excepcional ejemplo de arquitectura urbana renacentista.